domingo, abril 13, 2008

Southland tales


Estoy aterrizando, lentamente. El cine se expande como conejo en celo y me pregunto por qué no surgen más Southland tales. Han pasado varios días desde que la vi y aún no aterrizo. Sigo deslumbrado con su resplandor. Con su profundidad insolente. Con su ironía gloriosa. Quiero verla de nuevo. Saborearla hasta hartarme. Ver el director’s cut en el dvd de lujo. Poner pausa y ver los detalles. Leer las novelas gráficas de Richard Kelly. Escuchar el soundtrack una y otra vez. Quizá, tener una figurita de Boxer Santaros y Roland Taverner. Vivir toda la experiencia.

Hablar de Southland tales envuelve ideas mezquinas y palabras que con suerte alcanzan a rozar la cola de su grandeza. El fin del mundo como forma y fondo. El caos como símbolo y contexto. La sabiduría de una estrella porno puesta a disposición del término de los tiempos. Caminos perdidos y encontrados. Personajes en la frontera de lo absurdo y lo real. Imágenes y atmósferas joviales, frescas, modernas, poco refinadas. Crítica social pura. Epifanías. Originalidad. Sarcasmo. Metafísica.

La cinta es una sátira delirante y épica. La ironía está presente en cada escena, cada diálogo, cada personaje. A primera vista puede parecer desacertado que el filme sea protagonizado por Dwayne Johnson, Sean William Scott y Sarah Michelle Gellar, sin mencionar a Justin Timberlake, Mandy Moore, Jon Lovitz, varios ex Saturday night live y otros tantos actorcillos menores, sin embargo, eso es parte de la gran sátira. Si Richard Kelly fuera chileno de seguro tendría algún papel Che copete y Daniel Vilches. La película tiene un tono, un son, una voz, y la tropa de actores congregados por Kelly calzan en ella como anillo al dedo.

Richard Kelly está algo obsesionado con el fin del mundo y los viajes en el tiempo, Darko y Southland son la prueba fehaciente. Con todo, Kelly no aborda el Apocalipsis al estilo El día después de mañana, sino que con visión, con personalidad, con inteligencia, con ingenio, con espiritualidad, con sensibilidad. No es el fin del mundo por el fin del mundo, sino que es el reflejo de un estado de cosas, tanto en lo colectivo como en lo individual. No por nada se puso escribir Southland tales después del 11 de septiembre del 2001.

Sin exagerar, las dos horas quince se me hicieron cortas. Necesito ver la versión de tres horas, esa que mostraron en Cannes y que los productores obligaron a quitar al menos cuarenta minutos. Southland tales tiene peso, importancia, estilo. Eso no se encuentra a la vuelta de la esquina. Cómo no gustarme una trama espectacular que involucra teletransportación cuántica, religión, calentura adolescente, terrorismo, estrellas porno, profecías y el fin de los tiempos, escuchando de fondo a Radiohead, Blur, Moby, Pixies. Sería un insensato.

Tal como sucedió con Donnie Darko, Southland tales será de culto. Esta cinta no tiene las características de un éxito de taquilla, quien guste de ella querrá investigarla, verla otra vez, analizarla, conversarla, saber más. Hacerse parte del fenómeno. Y no todo el mundo acepta los embates al tradicionalismo. En el festival de Cannes fue abucheada sin compasión. Incluso que se ha dicho que es un bodrio infumable. Ah, qué pena, habrá que perdonarlos.

Nota: La película está complementada por tres novelas gráficas, recopiladas en una: Southland Tales, The prequel saga. En total son 6 capítulos: Two Roads Diverge, Fingerprints, Mechanicals, Temptation Waits, Memory Gospel y Wave of Mutilation. Los tres primeros están en las novelas gráficas (o comics) y los tres restantes son parte de la película. Leer los comics sólo completa el círculo, dicho de otra forma: si no los lees no tendrás problemas en entender el filme. Si les interesa, les dejo los links para bajarlos.